CIUDAD JUÁREZ, Chih. — Cuando las soluciones parecen agotarse, miles de juarenses encuentran en San Judas Tadeo una última puerta para pedir ayuda. Cada octubre, familias enteras recorren kilómetros hacia su capilla para cumplir una manda, agradecer un favor o solicitar alivio ante una situación difícil.
En una ciudad marcada por el trabajo industrial, la migración y etapas de inseguridad, la devoción al patrono de las causas difíciles adquirió un significado especial. Para muchos creyentes no se trata solamente de una celebración religiosa, sino de una forma de resistir y conservar la esperanza.
Una fe nacida entre dificultades
La presencia de San Judas se fortaleció principalmente en colonias populares y sectores relacionados con la industria maquiladora. Las peticiones suelen estar vinculadas con la salud de un familiar, la permanencia en el empleo o el regreso seguro de quienes salen de trabajar durante la noche.
La condición fronteriza también ocupa un lugar central. Arreglar documentos migratorios, cruzar a Estados Unidos o proteger a familiares que viven al otro lado son preocupaciones constantes. Para numerosas familias, esos trámites y separaciones representan auténticas causas imposibles.
Además, las familias que llegaron desde Durango, Veracruz, Zacatecas, Coahuila, Michoacán y otras entidades trajeron imágenes, oraciones y costumbres que terminaron mezclándose con la identidad de Juárez.
La manda se paga caminando
Una de las expresiones más visibles de esta fe es la manda: el compromiso de responder con esfuerzo cuando una petición ha sido atendida. Algunos devotos caminan durante horas por avenidas y tramos de la Carretera Panamericana; otros llevan túnicas blancas, mantos verdes o pesadas imágenes sobre los hombros.
En el trayecto aparece otro rasgo profundamente juarense: la solidaridad. Personas que aseguran haber recibido un favor instalan puestos con agua, café, pan o comida para apoyar gratuitamente a los peregrinos.
La imagen del santo también forma parte del paisaje cotidiano. Puede encontrarse en ruteras, medallones de trabajadores, murales y altares familiares. Al acercarse el 28 de octubre, esa presencia se vuelve multitudinaria y recuerda que, incluso en los años más complicados, la esperanza continúa caminando por las calles de Ciudad Juárez.




