LAS CRUCES, Nuevo México.— Una cámara con sensor de movimiento colocada entre los bosques del norte del estado registró una presencia que los investigadores no documentaban desde hace más de 25 años: un lince canadiense.
El felino apareció en imágenes captadas durante el verano en el Bosque Nacional Carson. William Grooms, estudiante de doctorado de la Universidad Estatal de Nuevo México (NMSU), encontró la fotografía meses después, mientras revisaba material de su investigación sobre biodiversidad en las Montañas Rocosas del Sur.
Grooms instaló cámaras en 120 puntos del bosque como parte de un proyecto desarrollado en colaboración con Wildlands Network. Entre fotografías de ardillas, conejos, osos y zorros, el investigador detectó al inusual visitante en las montañas de San Juan, una región que se extiende entre Nuevo México y Colorado.
Las imágenes fueron enviadas a especialistas para verificar la especie. Tras analizarlas, los expertos confirmaron que se trataba de un lince canadiense y descartaron que fuera un lince rojo, animal con el que suele confundirse por su apariencia.
Jennifer Frey, profesora especializada en mamíferos y asesora del proyecto, explicó que estos felinos habitan principalmente en bosques densos de Canadá y Alaska. Pueden pesar hasta nueve kilogramos y cuentan con patas anchas cubiertas de pelo, además de extremidades adaptadas para desplazarse en nieve profunda.
La presencia comprobada de al menos un ejemplar resulta relevante porque la especie mantiene poblaciones reducidas en Estados Unidos, pese a los esfuerzos de reintroducción realizados entre 1999 y 2006. Actualmente continúa catalogada como amenazada bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción.
El hallazgo también abre un desafío para las autoridades. Los bosques densos que necesita el lince son intervenidos con frecuencia para reducir material combustible y prevenir grandes incendios forestales. Sin embargo, esas mismas condiciones sostienen a la liebre de las nieves, su principal presa.
Los investigadores consideran que este registro podría motivar nuevas decisiones estatales y federales sobre la conservación del hábitat. La segunda ronda de monitoreo está prevista para el próximo verano y buscará aportar más información sobre la vida silvestre de la región.




