La testosterona, la dopamina y factores evolutivos influyen, pero no determinan la conducta
Ciudad Juárez.— La infidelidad masculina ha sido durante años motivo de debate social y moral, pero desde la ciencia se ha abordado como un fenómeno complejo donde intervienen factores biológicos, psicológicos y evolutivos. Aunque existen explicaciones científicas que ayudan a entender el comportamiento, especialistas coinciden en que no hay una sola causa ni una justificación absoluta.
Uno de los elementos más analizados es la testosterona, hormona vinculada al deseo sexual, la competitividad y la búsqueda de nuevas experiencias. Estudios sugieren que niveles elevados pueden aumentar la predisposición a conductas de riesgo o a buscar variedad en las relaciones.
Sin embargo, expertos subrayan que esto no significa que la infidelidad sea inevitable, sino que puede existir una mayor inclinación en ciertos contextos.
A nivel neurológico, el sistema de recompensa juega un papel clave. La dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer, se activa con la novedad, lo prohibido y la excitación.
Esto puede generar una sensación intensa que, en algunos casos, impulsa a repetir conductas que producen esa “recompensa”, similar a lo que ocurre con otros comportamientos adictivos.
Desde la psicología evolutiva, una de las hipótesis más debatidas es la de la “propagación genética”. Esta plantea que, en contextos antiguos, los hombres podían aumentar sus probabilidades reproductivas al tener descendencia con múltiples parejas.
Aunque ese escenario ya no aplica en la actualidad, algunos investigadores consideran que ciertos impulsos podrían haberse mantenido en el comportamiento humano moderno.
Diversos estudios han señalado que, en promedio, la infidelidad masculina suele estar más relacionada con factores físicos, oportunidad y variedad sexual, mientras que en las mujeres se vincula con mayor frecuencia a aspectos emocionales.
No obstante, estas diferencias se han reducido en los últimos años.
Otra hormona relevante es la vasopresina, asociada con el apego y la formación de vínculos. Variaciones en sus receptores podrían influir en la capacidad de algunas personas para mantener relaciones estables a largo plazo.
Además de lo biológico, la personalidad juega un papel importante. Rasgos como:
se han relacionado con una mayor probabilidad de infidelidad.
A pesar de todos estos factores, la ciencia es clara: la biología no determina el comportamiento. Elementos como la educación, los valores personales, la satisfacción en la relación y la inteligencia emocional son decisivos.
Comprender las causas no implica justificar la infidelidad, sino reconocer que se trata de un fenómeno multifactorial donde, al final, la decisión siempre recae en cada individuo.
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