CIUDAD JUÁREZ, CHIH. — La muerte de un niño de seis años en Ciudad Juárez no es solo un reporte policíaco más; es el síntoma más doloroso de una sociedad que, en palabras del Secretario de Seguridad Pública Municipal, atraviesa una profunda descomposición. El caso de D. C., quien llegó sin vida al Hospital 66 del IMSS, pone al descubierto una cadena de horrores que van desde la violencia física extrema hasta la sospecha de abuso sexual, dejando una herida abierta en la comunidad fronteriza.
LA INDIFERENCIA FRENTE A LA TRAGEDIA
Resulta estremecedor que el traslado al hospital fuera realizado por el abuelo del menor, mientras que Nataly D. V. y Mario Alberto C. —madre y padrastro— mostraran una presunta indiferencia que hoy los tiene tras las rejas. Inicialmente consignados por resistencia a particulares y omisión de cuidados, la justicia se enfrenta hoy a su prueba de fuego: la reclasificación a homicidio doloso. El sistema judicial debe actuar con la contundencia que el caso exige; cualquier cargo menor sería un insulto a la memoria de una víctima que no pudo defenderse.
LAS VÍCTIMAS COLATERALES
Detrás de la tragedia del menor fallecido, quedan dos pequeñas de ocho años y once meses que han sido rescatadas de un entorno de pesadilla. Su resguardo por parte de la Subprocuraduría es apenas el primer paso para intentar rescatar sus vidas del ciclo de violencia en el que estaban inmersas.
CONCLUSIÓN El plazo legal vence este sábado. La Fiscalía de Distrito Zona Norte tiene en sus manos la responsabilidad de que este caso no se convierta en una cifra de impunidad. La muerte de un niño por golpes y maltrato crónico exige más que “lamentos” oficiales; exige una aplicación rigurosa de la ley que envíe un mensaje claro: con los niños no.

