El feminicidio de Leyla Monserrat, una adolescente de 15 años en Sonora, ha generado indignación a nivel nacional por la brutalidad del crimen y el nivel de planeación detrás del ataque.
Lo que comenzó como una desaparición encendió las alertas entre familiares y autoridades, hasta convertirse en una historia marcada por la traición, la violencia extrema y un trasfondo de conflictos personales que terminaron en tragedia.
De acuerdo con las investigaciones, Leyla fue citada por dos adolescentes cercanas a ella con el pretexto de convivir. El mensaje que recibió fue claro: “te tenemos una sorpresa”.
Sin sospechar lo que ocurriría, la menor acudió al encuentro, sin imaginar que se trataba de una emboscada.
Los hechos ocurrieron en septiembre de 2025, cuando las agresoras —de 13 y 15 años— la llevaron a una vivienda en una zona apartada, donde posteriormente la inmovilizaron, le cubrieron la vista y la asesinaron por asfixia.
Las autoridades han establecido que no se trató de un acto impulsivo. Por el contrario, el asesinato fue planeado con anticipación.
Las responsables no solo prepararon el lugar, sino que además utilizaron sus teléfonos celulares para grabar el momento del crimen, evidencia que posteriormente resultó clave para el proceso judicial.
Tras cometer el asesinato, ocultaron el cuerpo en el mismo sitio, con la intención de evitar su localización. Sin embargo, días después fue encontrado durante un operativo ministerial.
Las indagatorias han revelado dos posibles móviles detrás del feminicidio:
De acuerdo con las autoridades, la relación de Leyla con un joven habría detonado la rivalidad, escalando hasta convertirse en un ataque mortal.
Este contexto, marcado por la discriminación y los celos, es considerado clave para entender la violencia ejercida.
Uno de los elementos más contundentes fue el material grabado por las agresoras. Las imágenes confirmaron que el crimen fue cometido con plena conciencia, eliminando dudas sobre la intencionalidad.
Además, el hecho de que el video fuera compartido posteriormente incrementó la indignación social.
A pesar de la gravedad del caso, las sanciones han provocado molestia entre la sociedad.
Debido a que las responsables son menores de edad, el sistema judicial impuso penas reducidas:
La madre de la víctima, Carmen Becerra, expresó su inconformidad ante las resoluciones.
“No pude ni despedirme de mi hija”, declaró, señalando que mientras las responsables podrán retomar su vida, su familia enfrenta una pérdida irreparable.
El feminicidio de Leyla Monserrat se ha convertido en un símbolo de exigencia de justicia y de análisis sobre los factores que pueden derivar en este tipo de violencia, incluso entre menores de edad.
Especialistas señalan la importancia de atender señales de acoso, conflictos emocionales y entornos de violencia desde etapas tempranas, para evitar tragedias similares.
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