MEXICALI, Baja California.— Un niño de apenas dos años perdió la vida después de ingerir una sustancia corrosiva utilizada para limpiar aparatos de aire acondicionado, un caso que mantiene abierta una investigación para conocer cómo el producto terminó al alcance del pequeño.
De acuerdo con la información disponible, el menor fue trasladado de emergencia a un hospital el 19 de octubre, donde ingresó con un cuadro de intoxicación grave. A pesar de los esfuerzos del personal médico, falleció dos días después, el 21 de octubre.
El Servicio Médico Forense determinó que la causa de la muerte fue un edema cerebral asociado con la ingesta de sustancias cáusticas. El dictamen forma parte de las diligencias realizadas para reconstruir lo ocurrido dentro del entorno en el que se encontraba el niño.
Tras el fallecimiento, las autoridades detuvieron inicialmente a Jesús Antonio N., identificado como padrastro del menor y quien, según los reportes, llevaba poco tiempo conviviendo con él. Sin embargo, posteriormente quedó en libertad luego de que se determinara que su detención había sido ilegal.
La madre del pequeño, identificada como Miriam Angélica N., era buscada por las autoridades y fue localizada días después en un domicilio ubicado al poniente de Mexicali. Según versiones recabadas en el sector, el inmueble era señalado como un posible punto de consumo de drogas.
La mujer quedó a disposición de la Fiscalía General del Estado de Baja California y se encuentra a la espera de una audiencia en la que se definirá su situación jurídica. Su localización no implica, por sí misma, que exista una responsabilidad penal determinada.
Hasta ahora, la autoridad no ha informado de manera concluyente cómo tuvo acceso el niño al químico, dónde se encontraba almacenado ni quién estaba a cargo de su cuidado cuando ocurrió la intoxicación.
Las investigaciones continúan para esclarecer las circunstancias de la tragedia y establecer si existieron omisiones o conductas que pudieran derivar en responsabilidades. Mientras tanto, el caso deja una pérdida irreparable y vuelve a poner sobre la mesa el riesgo de mantener productos corrosivos al alcance de niñas y niños.





