CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua.— Cuando las nubes descargan sobre la frontera, el peligro vuelve a concentrarse en colonias donde las familias conocen demasiado bien el sonido del agua golpeando las puertas, cubriendo las calles o bajando con fuerza desde la sierra.
La falta de un sistema integral de drenaje pluvial, la expansión urbana y las características del terreno mantienen vulnerables a sectores del norponiente, suroriente y centro de Ciudad Juárez. Sin embargo, el riesgo cambia dependiendo de la zona.
El agua baja con fuerza desde la sierra
En el norponiente, la inclinación del terreno conduce corrientes de agua, tierra y piedras hacia calles y cañadas. Puerto de Anapra enfrenta acumulaciones de arena y lodo, mientras que en Felipe Ángeles el caudal relacionado con el Arroyo de las Víboras puede transformar las avenidas en pasos peligrosos.
También se consideran vulnerables Sol Poniente, Guadalajara Izquierda, Plutarco Elías Calles, Fronteriza e Insurgentes. En esos sectores, el agua puede socavar calles, afectar bardas e ingresar a viviendas o negocios ubicados en las partes bajas.
El suroriente queda convertido en laguna
En las planicies del suroriente, el problema principal es el lento desfogue. Riberas del Bravo, en sus distintas etapas, registra anegaciones que pueden alcanzar patios y viviendas. En Parajes del Sol y Parajes de San Isidro, las avenidas llegan a convertirse en extensas lagunas que complican el paso de automóviles y transporte público.
Praderas del Sol y Carlos Castillo Peraza también figuran entre los puntos críticos, debido a la saturación de pozos de absorción y al posible brote de aguas residuales en registros domésticos.
En otras zonas, como La Cuesta, las pendientes aceleran el descenso del agua hacia avenidas principales. En Chaveña, Ex Hipódromo y Bellavista, la saturación de colectores puede generar corrientes rumbo a los pasos a desnivel del centro.
Aunque se han construido diques y colectores en distintos periodos, cada temporal vuelve a exhibir las carencias. Para muchas familias, la defensa todavía depende de costales de arena, vigilancia constante y el esfuerzo por impedir que el agua vuelva a llevarse parte de su patrimonio.




