CIUDAD JUÁREZ, Chih.— Detrás de puertas cerradas, algunos hombres enfrentan insultos, amenazas, control económico e incluso agresiones físicas por parte de sus parejas. Sin embargo, pocos se atreven a contarlo y todavía menos acuden ante las autoridades para presentar una denuncia.
Información recabada en áreas de atención psicológica, centros comunitarios y colectivos de apoyo familiar muestra que esta problemática comienza a hacerse más visible en Ciudad Juárez. No obstante, especialistas advierten que existe una amplia “cifra negra”, alimentada por la vergüenza, el machismo y el miedo al ridículo.
Agresiones que no siempre dejan marcas
Entre los casos atendidos aparecen distintas formas de violencia de pareja. La psicológica incluye insultos constantes, humillaciones frente a familiares o compañeros de trabajo, manipulación y amenazas relacionadas con impedir la convivencia con los hijos.
También se reporta violencia económica, como el control absoluto de cuentas bancarias, la retención de ingresos o la prohibición de realizar gastos personales básicos. En otros casos existen golpes, rasguños, lanzamiento de objetos o agresiones con utensilios domésticos.
Especialistas señalan que algunas víctimas deciden no defenderse físicamente por temor a que una intervención policial termine señalándolas como agresoras o derive en acusaciones mutuas.
El miedo frena las denuncias
Los reportes al 911 donde un hombre aparece como víctima directa siguen representando una proporción menor frente al total de incidentes familiares, de acuerdo con personal de corporaciones de seguridad. Durante algunas intervenciones, los agentes encuentran lesiones en ambas partes, pero el hombre decide no continuar con el procedimiento.
El temor a ser objeto de burlas, no ser tomado en serio o enfrentar represalias legales provoca que numerosos episodios permanezcan fuera de las estadísticas oficiales. Esta situación también dificulta conocer la verdadera dimensión del problema en la frontera.
Psicólogos y organizaciones de apoyo subrayan que ninguna forma de violencia debe normalizarse, independientemente del género de la víctima. Quienes enfrenten agresiones pueden solicitar atención psicológica en el DIF Municipal, asesoría jurídica en la Defensoría Pública o apoyo de emergencia a través del 911 cuando exista un riesgo inmediato.




