La humanidad podría desaparecer mucho antes que la vida en la Tierra. Entre los organismos con mayores posibilidades de permanecer se encuentran los tardígrados, diminutos animales cuya resistencia les permitiría superar catástrofes capaces de acabar con nuestra especie.
También llamados osos de agua, estos microanimales miden hasta 1.2 milímetros y habitan ambientes acuáticos o húmedos. Su tamaño es casi invisible para el ojo humano, pero su capacidad de supervivencia los coloca entre los seres más resistentes conocidos por la ciencia.
En condiciones determinadas, los tardígrados pueden pasar largos periodos sin agua ni alimento, enfrentar temperaturas extremas, soportar fuertes presiones y resistir elevadas dosis de radiación. Incluso algunos ejemplares han sobrevivido a la exposición al vacío del espacio.
Su principal recurso es la criptobiosis, un estado en el que expulsan más del 95 por ciento del agua de su cuerpo y reducen su actividad metabólica a niveles mínimos. Permanecen así hasta que las condiciones mejoran y pueden reactivarse. La resistencia exacta depende de la especie, la duración de la exposición y el entorno.
Un estudio elaborado en 2017 por investigadores de las universidades de Oxford y Harvard evaluó amenazas como impactos de grandes asteroides, supernovas cercanas y estallidos de rayos gamma. La conclusión fue que algunas poblaciones de tardígrados podrían sobrevivir, salvo que el fenómeno lograra evaporar completamente los océanos.
También tendrían mejores posibilidades que la vida compleja ante una guerra nuclear. Aunque el hollín podría bloquear la luz solar, reducir la temperatura global y provocar el colapso de ecosistemas, estos organismos contarían con refugios y mecanismos biológicos para resistir.
Eso no significa que sean inmortales. El final definitivo llegaría dentro de aproximadamente 5 mil millones de años, cuando el Sol se transforme en una gigante roja y la Tierra pierda su agua y atmósfera.
Hasta entonces, la lección resulta incómoda: el planeta podría continuar sin los humanos. Nosotros, en cambio, no tenemos la extraordinaria resistencia de un tardígrado ni otro hogar disponible.






