Redes.- “Si no les gusta, busquen otra escuela”. Esa es la frase atribuida en publicaciones virales a una directora que habría decidido endurecer las reglas de su plantel y que rápidamente abrió una discusión entre padres de familia.
De acuerdo con las publicaciones que circulan en internet, entre las medidas estarían prohibir el uso de teléfonos celulares dentro de la escuela, piercings, cachuchas, tintes llamativos, determinados accesorios y peinados considerados extravagantes.
Sin embargo, no se ha localizado una comunicación oficial del plantel que permita confirmar de manera independiente todas las circunstancias en las que habría ocurrido el episodio ni la cita textual atribuida a la directora.
Más allá del caso viral, la polémica llega justamente cuando en México existe una discusión real sobre la disciplina y, particularmente, sobre los teléfonos celulares dentro de las escuelas.
Chihuahua restringirá los celulares
En Chihuahua el tema ya pasó de la discusión a una medida concreta.
La Secretaría de Educación y Deporte informó el 18 de septiembre que las 32 entidades federativas acordaron regular el uso de teléfonos móviles en los planteles.
Para primaria y secundaria se contempla restringir los celulares durante toda la jornada escolar.
En educación media superior, cada plantel establecerá sus reglas en consenso con su comunidad educativa.
La medida forma parte de un acuerdo nacional y su implementación contempla asambleas informativas con madres, padres, tutores y docentes.
Los maestros también pidieron reglas
La discusión no surgió de la nada.
La Secretaría de Educación Pública realizó una consulta nacional entre docentes de Educación Básica sobre dispositivos digitales.
Participaron 565 mil 396 profesores y 81% se manifestó a favor de contar con lineamientos y reglas para garantizar un uso seguro y con fines pedagógicos de estas tecnologías.
Además, 40% consideró que los celulares dificultan mantener la atención de los estudiantes; 38% dijo que interrumpen las actividades escolares y 38.7% señaló que conflictos iniciados en redes sociales terminan trasladándose al salón y a la escuela.
Es decir, la discusión sobre sacar los celulares de las aulas tiene detrás un problema que miles de docentes dicen observar diariamente.
Pero ¿qué tienen que ver el cabello y los piercings?
Aquí comienza otra parte del debate.
Una cosa es limitar un aparato que puede distraer durante una clase y otra establecer reglas relacionadas con la apariencia personal.
Tintes, perforaciones, peinados, accesorios y ropa han provocado durante años discusiones sobre dónde termina la facultad de una escuela para establecer disciplina y dónde comienza el derecho de los estudiantes a expresar su identidad.
Además, las normas escolares deben aplicarse respetando los derechos humanos, la dignidad y la integridad de niñas, niños y adolescentes.
Por ello, prohibir celulares y establecer reglas de presentación personal no necesariamente tienen la misma justificación ni deben analizarse como si fueran una sola medida.
¿Disciplina o reglas demasiado estrictas?
Quienes respaldan este tipo de reglamentos argumentan que los estudiantes acuden a la escuela principalmente a estudiar y que establecer límites ayuda a mantener orden, concentración y respeto.
Del otro lado están quienes consideran que un tinte, un piercing o determinado corte de cabello no define el desempeño académico ni el comportamiento de un estudiante.
También existe una tercera postura: reglas sí, pero construidas y explicadas junto con padres, estudiantes y docentes, en lugar de convertirlas únicamente en prohibiciones.
De hecho, el nuevo proceso para regular celulares contempla precisamente reuniones informativas con las familias.
Una frase que encendió todavía más la discusión
Pero posiblemente lo que más controversia provocó en el caso difundido en redes no fueron las reglas.
Fue la frase atribuida a la directora:
“Si no les gusta, busquen otra escuela”.
Para algunos usuarios representa la autoridad que, consideran, se ha perdido en los planteles.
Para otros, una escuela debería dialogar con las familias antes de adoptar una postura de “lo aceptas o te vas”.
La discusión probablemente continuará porque toca un problema mucho más amplio que un teléfono o un piercing: ¿hasta dónde debe llegar la disciplina escolar?
Y ahora que Chihuahua se prepara para restringir los celulares en primaria y secundaria, la pregunta adquiere especial relevancia para las familias juarenses.
¿Tú qué opinas?
¿Apoyarías una escuela sin celulares, piercings, tintes ni peinados extravagantes?
¿O crees que mientras un estudiante cumpla académicamente y respete a sus compañeros, su apariencia debería ser decisión personal?





