MÉXICO – Tras los violentos sucesos que han conmocionado a la opinión pública, el testimonio de una compañera de clase de Jeremy, el joven señalado en las investigaciones, ha arrojado luz sobre un entorno familiar marcado por el crimen organizado y la violencia estructural. Las declaraciones pintan el retrato de un adolescente cuya vida estaba predeterminada por las actividades ilícitas de sus progenitores.
Un perfil solitario y hermético
Según el relato de la alumna, Jeremy no era un estudiante problemático en el sentido convencional; por el contrario, se caracterizaba por su retraimiento. “Él era muy callado, casi no hablaba con nadie”, describió la joven, señalando que el comportamiento del adolescente siempre fue de bajo perfil, evitando cualquier tipo de confrontación o atención innecesaria en el ámbito escolar.
El peso del entorno familiar
Lo más revelador del testimonio es la mención directa al estilo de vida de los padres de Jeremy. La compañera afirmó que en el círculo escolar se sabía que sus padres eran sicarios activos de una organización criminal.
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Normalización de la violencia: El joven creció en un ambiente donde las armas, el dinero ilícito y las amenazas eran parte de la cotidianidad.
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Falta de figuras de protección: Lejos de tener un hogar que fomentara su desarrollo académico o personal, Jeremy se encontraba inmerso en una dinámica de supervivencia y lealtad a estructuras delictivas.
El ciclo de la delincuencia juvenil
Este caso ha reabierto el debate sobre cómo los hijos de personas vinculadas al narcotráfico son reclutados, ya sea por elección o por herencia, en las filas de los cárteles. Los expertos en sociología criminal señalan que testimonios como este demuestran que el silencio de jóvenes como Jeremy suele ser un mecanismo de defensa ante el miedo o la presión de ocultar la verdadera naturaleza de sus familias.
Reacción de las autoridades educativas
Tras la viralización de este testimonio, diversas voces han exigido que las instituciones educativas cuenten con protocolos más robustos para detectar a jóvenes en situación de riesgo por entornos delictivos. La “invisibilidad” de Jeremy en el salón de clases permitió que su situación pasara desapercibida hasta que fue demasiado tarde.
Por ahora, las investigaciones continúan para determinar el grado de implicación de los padres en las acciones de Jeremy y si el joven actuaba bajo órdenes directas o como consecuencia de la formación recibida en su núcleo familiar.

